"La manzana cae del árbol cuando tiene que caer, ni antes ni después"
¿Nunca has visto caer una manzana?
Me parece casi magia. Como si el reloj de la naturaleza se sincronizara en el instante exacto.
Sobre ella actúa el viento, la gravedad... pero cae cuando está preparada para soltarse.
Aunque sabe que ese momento, tarde o temprano llegará, espera al correcto, al momento en el que este paso le sea natural y fácil.
Yo sabía que me iba a desprender de tu árbol. Del árbol en el que maduré y crecí. Del árbol que alimentó mi amor. Lo sabía. Las manzanas como yo no nacieron para vivir entre ramas.
Y con esta certeza pasé mucho tiempo...
A veces me daba miedo desprenderme de tu sombra conocida. Otras, el viento empezaba a soplarme y quería caer forzosamente. Pero decidí esperar, porque estaba segura de que llegaría el día en el que la caída se haría tan necesaria que ni dolería. Y así fue. Sentí el sol, que cambiaba mi verde joven por un rojo maduro, que hacía de mi ácido un dulce suave y no pude más que soltarme sobre la hierba y ver el mundo, esta vez con otros ojos. He aprendido que hay un tiempo para cada manzana y no hay que forzarlo, solo esperar y dejarse llevar.

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