Un boca a boca que llena
de vida mis pulmones.
Mi pelo que atrapa,
como una medusa, tu cara.
El hilito de luz de luna
me alcanza sólo a ver
un ombligo de aceituna.
Esta espiral de amor
nos enrosca en la madrugada.
Ya no se donde empiezo.
Ya no se donde acabas.
Nuestros ojos de búho
se comen sin mediar palabra.
Jesucristo crucificado
por el calor de mi cama.
Siempre acabas convirtiendo en vino
el agua de mis entrañas.
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