Siempre quise encontrarte, pero nunca te busqué.
No sabia como ubicar a tus ojos de fuego,
me daba miedo que, si los miraba,
hicieran de mi un tierno incendio.
Pero el verano dio la vuelta a todos nuestros silencios.
Tu boca de jazz se comió a mi beso,
que no era un beso nuevo, sino un beso...
que esperó en una escalera, que vivió entre libros
que bebió café y cerveza, que era mil besos en uno mismo.
Y tuvimos amanecer naranja sobre suelo amarillo.
una mano en la espalda, un llavero de espejitos....

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