Tenía el pelo tan negro que dicen que la noche, cuando quería descansar, dormía en el, la cara tan llena de pecas que parecía hecha de semillas de amapola y los ojos tan enormes que los marineros les cantaban canciones en las tabernas.
La princesa vivía en la más alta torre, del más alto castillo, rodeado del más espeso bosque y atravesado por el más caudaloso río.
Esta princesa tenía todo lo que podía desear, bonitos vestidos, bonitos paisajes, bonitos entretenimientos, pero no era feliz, porque padecía una extraña enfermedad, la del "corazón dormido".
Esta enfermedad solo afecta a los que tienen el alma soñadora, un día sin aviso, de tanto soñar y soñar con un mundo diferente, se les duerme el corazón para siempre.
La princesita la padecía desde muy pequeña. Quedó tan decepcionada con el mundo que la rodeaba, tan aburrida, que decidió soñar.
La reina le decía: No sueñes tanto pequeña Princesa, o no regresarás. Pero ella, de natural decidido, se dejó llevar.
Los reyes intentaron durante años curar a su hija, pero no lo consiguieron, el remedio era demasiado difícil de encontrar. Sólo se curaría si un un muchacho, de alma muy viva, le despertaba el corazón.
Muchos fueron al reino para ayudar a tan bella princesa, pero ninguno lo consiguió.
Un día llegó al castillo, un joven músico, para tocar ante los reyes.
El joven, humilde en apariencia, viajaba con su violín de reino en reino, deleitando con su arte a todos los aldeanos. Había oído la historia de tan peculiar corazón, y pensó que tal vez algo tan puro como la música tocada desde el amor, lograría hacer el milagro.
Al escucharlo tocar, la princesa sintió una sensación que le era totalmente extraña, sintió sus mejillas hacerse
de un rosa brillante, a su pecho hincharse como suspirando y del centro de su ser, salir un bostezo que le recorrió el cuerpo entero. Su corazón dormido se había despertado con las notas que salían de aquel violín.
Y al encontarse su pequeño y aún soñoliento corazón con los ojos de mar de aquel joven, empezó a latir, al son de la música, llenándolo todo con un sonido maravilloso nunca antes escuchado, el sonido que hacen cuando se enamoran los corazones que esperan al momento adecuado.
"Este cuento va dedicado a una princesa de carne y hueso, de las que quedan pocas ya, que aguarda impaciente a que despierten su corazón soñador. Estoy segura que el día que esto ocurra, los latidos
que saldrán de el serán envidiados por todos los músicos, por ser la canción más bonita del mundo"
FELIZ CUMPLEAÑOS
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