Ya solo quedan las heridas de guerra.
Ojos fijos y opacos, manos salpicadas de tierra.
En la batalla más absurda que jamás se ha librado,
se acumulan cabezas que a nuestro paso hemos cortado.
Yo me rindo y te cedo el papel de vencedor...
que con el de vencida pero libre, me siento mejor.

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